La gente no debería extrañarse. Todos deberíamos tener el valor de buscarnos la cara
y decirnos "Te extraño." Podría jurar que tragarse el orgullo duele menos que extrañar
a alguien que alguna vez lleno tu vida, tu cama y tu corazón.
No sólo se extraña a los amores, sino también a los amigos que se van, tanto del mundo
como de nuestra órbita. Te extraño no debería ser tan difícil de decir.
Duele ser el único que extraña, lo sé. Pero, ¿y qué si el otro también te extraña,
pero no tiene el valor de decirlo? Ninguno de los dos lo sabrá, no importa si uno lo dice,
siempre uno de los dos tendré el suficiente orgullo para arruinarlo todo.
¿Por qué escribo esto? Porque lo extraño, porque lloro cuando lo recuerdo.
Porque lo sueño y me despierto extrañando. Porque hay momentos que se anuda
mi garganta, mi estomago duele y siento que se me sale el corazón.
Porque siento como si se me hincharan los ojos por las lágrimas que me niego a
derramar. Porque le he dicho tantas veces que lo extraño que creo que ya no puedo más.
Porque cada día que pasa siento que lo extraño más, porque en vez de olvidarlo lo recuerdo más.
Porque podría correr hacía él para gritarle en el oído que lo extraño y saber que él no hará nada
para decir que me extraña también. Porque prefiere callarse a aceptar que me extraña. Porque
quizá si lo escribo y nunca lo lea entienda cuanto es que lo extraño.
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