Oigo las lamentaciones desde adentro,
el pavor me lubrica la vista,
doy pasos de ciego sobre la fortuna de mi vida,
angustio mi propio pesar
y saco a colación lo que queda de mi.
Mo. Eduardo Angeles
martes, 27 de septiembre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
Que alguien me explique.
No voy a negar que soy algo critica con la primera impresión que me da la gente, cosa en la que lamentablemente la mayoría de las veces tengo razón.
El día de hoy después de haber ido a la escuela para darme cuenta que no tenia clases, tome el mismo autobús en el que llegue y regrese a casa. En el transcurso del segundo autobús me subí y me senté hasta atrás. No me gusta ir brincando y lastimando mi columna, pero me gusta mucho observar a la gente y el cómo se comporta, en fin. Un sujeto de pantalones anchos una mega playera y un paliacate del cruz azul amarrado al cuello se subió y se me quedo viendo; “pareces delincuente. Demonios, viene para acá” pensé, se sentó también hasta atrás pero del otro lado. De repente volteo y esta arrancando los cojines de los asientos, “pinche ocioso sin quehacer, escoria” y demás cosas pensé. Se subió otro tipo y se sentó delante de él. Paso poco tiempo y empezó a oler a plumón, voltee y era el primer tipo que venía “maltratando la unidad”, el tipo de adelante volteo lo vio y se volvió a voltear. Pensé, cuando me baje iré de chismosa con el chofer, pero antes de hacerlo el segundo tipo se bajo y se acerco al chofer y le dijo algo, supuse que era de eso, pero el chofer se siguió, mi plan seguía en pie. Como tres calles después el chofer se detuvo y se subieron dos policías, bajaron al sujeto en cuestión diciendo que lo remitirían con las autoridades y esas cosas que no escuche muy bien pues traía audífonos. El tipo se bajo mentando madres, pateando asientos y amenazando al chófer diciéndole que se sabía su ruta y que le iba a romper la madre, etc. O sea, hace sus desmadres y todavía se enoja.
También existen aquellos, los más educados, los que tan llenos de cultura nos comparten sus conocimientos artísticos decoran las calles con letras de excelente simetría y colores excéntricos, esas obras de arte con sus nombres en las paredes.
Mi pregunta es: ¿Qué sienten cuando destrozan algo? ¿Se sienten mejor, superiores o a caso más inteligentes por lograr hacer maldades sin que nadie lo note? En este caso, ¿se quería llevar el cojín por que no tiene almohada? No sé y la verdad me gustaría saber. Seguro llegan a su casa emocionados y le cuentan a mamá en la comida; mamá sonríe y papá les dice que está orgulloso de ellos. Supongo que salen a la calle a destruir cosas porque en su casa ya no hay nada que destruir o decorar, depende del caso. ¿El rango en su “banda” dependerá de la cantidad de cosas que destruyan? En serio me intriga como trabaja su mente...
Espero esto me quede claro algún día, sin embargo, por hoy me despido citando a mi mamá que a la vez cita a mi abuela: “deberían rayarse las nalgas.”
Espero esto me quede claro algún día, sin embargo, por hoy me despido citando a mi mamá que a la vez cita a mi abuela: “deberían rayarse las nalgas.”
martes, 13 de septiembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
Parte del pasado.
Las 11 35 pm aproximadamente, veo la televisión y pienso si podría yo también hacer algo por el mundo, o al menos por el país en donde vivo. Suena mi celular, corro a mi cuarto a buscarlo, lo tomo pero no contesto, el nombre en de la pantalla me saca de balance. La llamada termina, me siento rara y marcó yo. Suena una vez, dos veces, pierdo la cuenta, “su llamada será transferida a buzón” quizá se equivoco, no creo que quisiera hablar conmigo. Me cuesta creer mi propia conclusión, no suelto el teléfono, lo observo en mi mano y pienso que debo dejarlo. Me acerco a mi cama, suena de nuevo, me tardo pero esta vez contesto:
-¿si diga? ¿Cómo estás?
-pedísimo, te amo, te extraño. No sé como vives si yo no puedo sin ti…
Mi estomago se endurece, mi corazón palpita más rápido de lo normal, intento escuchar lo que él dice pero las palabras salen por mi otro oído
-¡Dime algo carajo!
Reacciono, pero sigo sin saber que decir. Me rio y empiezo a decir cosas sin sentido, total no creo que lo note, está demasiado ebrio para darse cuenta de lo que digo. Empezamos a platicar de todo y de nada, empezó a recordar las promesas que alguna vez hicimos; nuestros hijos, nuestros viajes, la familia, nuestra casa, y una larga lista de etcéteras.
-¡dime que me quieres!
Le digo que lo quiero, no me cuesta nada, total, creo que ni siquiera lo siento… aquí es cuando empieza a doler y a tener un significado diferente todo lo que pasa. Ya no lo quiero, al menos no de la misma manera que alguna vez lo hice. Lo ame y hasta hace poco creí que aún lo hacía…
Hasta hace poco creí que el amor era realmente eterno, que podrías llegar a amar a alguien sobre todas las cosas, que nunca dejabas de amar, que solo te acostumbrabas a vivir sin tu otra mitad, pero no es así, el amor realmente se acaba o en esta ocasión se me acabo a mí.
Un año, mucho tiempo, personas, besos, manos y recuerdos después llego a romper mi balance de esa manera tan irracional. Solíamos vernos solo para encuentros casuales que quedaban en un “nos vemos”, ese nos vemos tenia implícito –o al menos eso creía- un “no muy pronto”, esa costumbre sobrevalorada por nosotros. Debimos haber dejado ese hábito cuando aún era tiempo, debimos habernos alejado desde aquel día en el que terminamos la relación. Estúpido pasado ahora tan presente.
Tantas palabras que dijiste, que gritaste que lloraste por teléfono, tantas palabras que espere tanto tiempo escuchar y que nunca dijiste: ¿por qué ahora? Por qué cuando logró pasar mis días sin ti, cuando logro estar estable, cuando tengo tantos planes ¿por qué hoy?
No me pesa tu regreso, me pesa no poder corresponderte, me pesa no amarte más, no poder decirte un te quiero o un te amo enserio, me pesa ser la única parte que dices que te mantiene consiente, coherente y con ganas de vivir. Me pesa no poder sentir lo mismo que algún día sentí por ti, me pesa que ahora sientas lo que hace tiempo debiste sentir por mí.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Equivocado.
No soy una señora de 80 años… el hecho de que no me guste lo mismo que a ti, no quiere decir que sea una amargada o una mamona. Es como si yo dijera que eres un inmaduro porque te gustan las cosas que a mí no.
Qué no me guste zoé pero que me guste Rocio Durcal, no tiene nada que ver con la clase social de la que provengo, que no haya acabado la divina comedia (uno de los únicos tres libros que has leído) no quiere decir que no sea capaz de leerlos, de hecho llevo como 70 libros más que tu…
Que creas que los vampiros son la mejor deidad (¿?) que existe, no quiere decir que todos deben seguir la misma ideología que tu…
No, no soy una persona de mente cerrada, el de mente cerrada eres !tú!
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