jueves, 16 de febrero de 2012

Café.

Todas las tardes se sientan nuestros corazones
a la misma hora y en el mismo café.
Sorbo tras sorbo llenan su paladar de esperanzas.

Nuestras sillas se aproximan cada vez más.
Las rodillas se saludan
con su maremoto.
Nuestros ojos se adivinan
por más tiempo
hasta llegar al átomo.

Siempre he deseado tocar tu mano, utópica aún.

Día tras día, semana tras semana,
hemos aprendido a fingir madurez
teorizando sobre el bien y el mal,
enalteciendo al Dios de la culpa
y blasfemando al Dios de la pasión.
Todo el tiempo trato de convencerme
del valor de tu amistad por encima del beso soñado,
pero mi terquedad prefiere ciega y sorda
tu existencia carnal.

Juego a comprender
tu macroscópica historia
con otra mujer.

¿Masoquista?...

No sé cuánto tiempo seguiremos tomando café.


Xenia Gasca.

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