domingo, 1 de enero de 2012

Año nuevo.

Eran las 12:05 del año en curso, después de los abrazos familiares cuando sonó mi teléfono anunciando la entrada de un mensaje, lo abrí, algo en mi interior quería que fueras tu, pero lo más sano de mi pedía que no. Lo leí y eso que estaba escrito ahí me dolió. No decia nada concreto, ¿o sí? no lo sé, sentí frío, como si tu no lo hubieras escrito, fue como un adiós de improvisto. Quise llorar, pero había demasiadas personas que te conocen, que saben el dolor que causas.
Después, entre broma y broma supieron que algo habías hecho, mi hermano dijo que intentaba ahogarte en alcohol, ja, creo que ellos no saben la resistencia que tienes con eso, creo que ese es el problema: jamás podría ahogarte en alcohol ni en humo, renaces, revives, palpitas me dueles; cada mañana, cada tarde, cada noche ¡Maldita sea! ¿por qué no te puedo olvidar?
Esperanzas vanas, recuerdos que pesan, promesas a medias, distancia. Amor, en eso ya no hay amor, es solo el estúpido orgullo que no nos deja, somos nuestra propia salvación, seguimos parados en la nada, en espera de que alguno de los dos sea valiente y le dispare al otro; ¿por qué no puedes decir ya no? ¿por qué no puedo adiós?

No hay comentarios:

Publicar un comentario