martes, 25 de octubre de 2011

México Lindo Y Querido.

Las primeras casi 14 horas de viaje, llegamos a "La Venta" en Tabasco. Te bajas del autobús, te llega el clima húmedo con olor a coco y tierra mojada, sigues caminando entre las banquetas llenas de hojas secas y llenas de agua. Entras al parque y encuentras figurillas en piedra, sigues tu camino y descubres que estás entre la selva. Entre mosquitos, coatis y muchas plantas terminas el recorrido sorprendida y pensando ¿Cómo es que hacían tantas cosas?
Otras cuantas horas en camión rumbo a Palenque. Llegas a Palenque y entras a su tranquilidad, a su soberbia y quedas maravillada por tercera vez; te sigue sorprendiendo su belleza. Caminas, subes y bajas escalones, tomas fotos, eres feliz ahí. Hora de descansar, llegas a un lugar llamado "El Pachan" que en un hotel tipo cabañas a la mitad de la selva. En la noche a la hora de cenar vas al restaurante, cenas, cambias al otro, tomas una cerveza, vas a dar la vuelta y regresas al primero a ver el espectáculo de fuego: tres sujetos haciendo malabares con fuego, cada vez uno mejor que el otro. El último era un verdadero genio: su concentración y su coordinación hacían cosas maravillosas. Regresas a tu cuarto, duermes pocas horas, pero las suficientes para aguantar el día siguiente.
Unas horas necesarias para llegar a las maravillosas cascadas de Agua Azul en Chiapas. Bajas del camión y escuchas agua a lo lejos, caminas para encontrar las ya antes vistas cascadas. Subes y subes y te detienes en cada mirador para apreciar las cascadas en su totalidad, o al menos la totalidad que te es posible observar. Otra vez tienes el tiempo encima, corres al autobús y sales a carretera.
Más horas en el camión y llegas a San Cristobal de las Casas, lugar desconocido para ti. Te enamoras de sus calles, de su clima, de sus hippies, de su todo. Prefieres ir a conocer San Cristobal que comer o comprar. Te dan las 6 30 pm y tienes que regresar al camión, compras algo rápido, corres al camión y te dicen que nos quedaremos más horas. Regresas al centro y sigues conociendo. Dan las 9 30 y el chofer te dice que el camino a Oaxaca puede ser peligroso que lo mejor es quedarnos en este lugar. Quedas feliz por la decisión. Buscas un hotel, encuentras uno precioso, muy colorido. Te arreglas y sales con tus amigos a buscar un lugar donde pasar la noche de fiesta. Llegas a un karaoke, pasan las horas, te diviertes de lo lindo y regresas al hotel a las 3 am para darte cuenta que solo pagaste para bañarte y platicar con tus amigos sin frío. Dan las 6 am, te diriges al autobús, esta vez decidida a llegar a Oaxaca.
Muchas más horas de camión y llegas a Mitla, tarde como en todo el viaje, solo que está vez realmente tiene repercusiones, no puedes entrar a las ruinas, casi de malas debido a tus dolores, pero de todos modos disfrutas todo, compras los recuerdos para la familia, regresas al camión, está vez solo poco tiempo y llegas a la fabrica del mezcal, conoces la manera de hacerlo. Pruebas el mezcal mientras dices "Levanto la copa, doblo el codo y me lo chingo todo"
Unas horas más y llegas al centro de Oaxaca, vas al centro, ya de noche cenas tlayudas de tamaño descomunal, regresas al hotel, te llega un mensaje que nunca debió llegar, te bañas y descansas. Al día siguiente te levantas de buen humor, desayunas y vas a comprar lo que es casi obligatorio: chocolate y mole. Subes al camión de nuevo esta vez con destino a donde hacen el barro negro, quedas enamorada de la mayoría de las piezas, compras, regresas al camión, esta vez camino a Monte Alban. Ya un poco cansada subes los enormes escalones mientras la de a lado dice "pinches ancestros, ¿qué pensaban?" te ríes y sigues caminando. Subes y subes escalones, cada vez más lejos de la civilización y más tranquila te quedas mirando el vació y sintiendo el aire en tu cara. Empiezas a bajar de nuevo y ya en las escaleras que el museo hizo, tu amiga dice: "Mira que fácil es bajar aquí, aquí ya se siente la comodidad occidental." Bajas y llegas a los vendedores ambulantes, después de estar tan tranquila, la gente te estresa. Regresas al camión esta vez sabiendo que serán cerca de 10 horas seguidas, camino a tu casa. Te despides de esos hermosos lugares mexicanos, que a pesar de estar tan lejos, nunca te hicieron sentir tan lejos de tu casa.
Las 3 05 am del martes, físicamente cansada, mentalmente feliz y con la cartera vacía llegas a tu casa con una maleta pesa el triple de lo que pesaba cuando te fuiste, te dicen que efectivamente los recuerdos pesan. Empiezas a hacer el recuento de lo vivido.
Mal comer, mal dormir y bien vivir, eso es lo que vale la pena en un viaje. Descubrir lo maravilloso del lugar que pisas, descubrir por que México es tan hermoso y regresar con la reiterada satisfacción de ser orgullosamente mexicana.

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